jueves, 7 de noviembre de 2013

Los trastornos mentales más sorprendentes




Los trastornos mentales más sorprendentes


El señor P. era un eminente músico que había acudido a la consulta de un neurólogo porque tenía problemas para identificar las cosas de su entorno. En alguna ocasión le habían sorprendido dando palmaditas en la parte superior de las bocas de incendios creyéndolas cabecitas de niños o iniciando una conversación con el picaporte de una puerta. Tras la revisión, el señor P. salió de la consulta. De repente, se detuvo en seco, rodeó el coche y se dirigió al asiento que ocupaba su mujer, la agarró del cuello de la camisa y por las orejas e intentó ponérsela en la cabeza.

Se trata de un hecho real comentado por el famoso neurólogo Oliver Sacks. En este caso concreto, el señor P. padecía una pérdida cognitiva aguda: su cerebro era capaz de ver, oír, sentir y escuchar perfectamente, pero no podía emitir juicios personales. Así, metía a su mujer en la misma categoría conceptual que un paraguas o un sombrero.



Anasognosia


Enfermedad que suele producirse cuando un traumatismo daña la parte derecha del cerebro y paraliza la parte izquierda del cuerpo. En algunos casos el paciente ve su brazo paralizado pero cree que se mueve. Si se le pide que se anude los cordones de los zapatos, lo intentará hacer con una sola mano y evidentemente no podrá concluir la tarea, pero él creerá que lo ha conseguido como si tuviera dos manos útiles.

Negligencia hemisférica


Es el deterioro de los centros visuales de un lado del cerebro que provoca que el enfermo sólo vea la mitad de las cosas. Estos pacientes sólo comen, por ejemplo, el lado izquierdo del plato, escriben en el lado izquierdo del folio o se atan sólo el zapato izquierdo.

Síndrome de Korsakov


Suele ser una consecuencia del alcoholismo crónico. Se trata de una lesión cerebral que provoca amnesia. El paciente es incapaz de recordar los nuevos hechos o experiencias, su memoria a corto término está gravemente afectada, sólo recuerda hechos antiguos, anteriores a la enfermedad. La persona cree que tiene la edad que tenía al empezar esta enfermedad y piensa que se encuentra viviendo en esa época. Todo lo que hace actualmente se le olvida rápidamente.

Síndrome de Capgras


Es un trastorno de la capacidad de identificación. El paciente ve la cara de su cónyuge, por ejemplo, y está seguro de que se trata de un impostor. Parece que se debe a alguna desconexión entre el mecanismo físico del reconocimiento visual y la memoria afectiva. El sujeto ve un rostro conocido, pero no experimente las reacciones afectivas correspondientes a la visión de un ser querido, por lo que interpreta que es un impostor.

Síndrome de Munchausen


Se trata de uno de los llamados trastornos ficticios más graves. El paciente simula sufrir enfermedades mediante la ingestión de productos dañinos e incluso se practica heridas y mutilaciones para llamar la atención y así beneficiarse de las supuestas ventajas de ser cuidado. Cuando el paciente hace lo mismo con sus seres queridos, como por ejemplo con sus hijos pequeños, el trastorno se llama síndrome de Munchausen por proximidad. Síndrome de Tourette

Los enfermos de este mal sufren tics compulsivos que pueden ser de todo tipo, desde simples movimientos faciales a tics vocales. En este último caso, el paciente se ve incapaz de controlar los sonidos y vocablos que emite. A veces, el sujeto dice tacos sin control en cualquier situación, a lo que se denomina coprolalia. Uno de cada 200 sujetos con tics crónicos pueden llegar a padecer este trastorno de origen genético.

Tricotilomanía


Es un mal que padece cerca del 1% de la población. El enfermo arranca compulsivamente el pelo de cualquier parte del cuerpo: cabeza, cejas, pecho, zona púbica...

Visión ciega


Los pacientes parecen totalmente ciegos, al menos respecto a una parte de su campo visual. Si se les pregunta si pueden ver un objeto en esa zona, la respuesta es negativa. Pero si se les fuerza a señalar dónde se halla ese objeto, indicará el lugar correcto. De alguna manera, sus mecanismos visuales se han interrumpido. Pueden ver, pero no son conscientes de ello.

Síndrome del Acento Extranjero


Existen 50 casos localizados en el mundo de este extraño trastorno, que surge cuando varias conexiones de los centros de control del lenguaje en el lado izquierdo del cerebro sufren un daño. Algunos pacientes generan un patrón de lenguaje completamente distinto al propio. En ciertas ocasiones, el individuo termina hablando con acento distinto al de su país o una lengua irreconocible, producto de la mezcla de varios idiomas con los que haya tenido contacto.

Ceguera al movimiento


Una variedad muy rara de visión ciega. El paciente ve bien los objetos estáticos, pero no percibe el movimiento. Si echa el café en una taza, capta sin problemas la cafetera, el plato, la taza... pero el chorro aparece ante sus ojos como una columna helada e inmóvil. Es un mal inhabilitante. Los coches, las personas, las imágenes de televisión aparecen y desaparecen de pronto a distancias diferentes, pero se pierden en cuanto se mueven. Los pocos casos conocidos se han producido tras un accidente cerebro-vascular.






Trastornos mentales de otros países o exóticos




Amok


Se da en la isla de Java e Indonesia, es un trastorno en que el individuo, tras sufrir una fuerte vergüenza social (generalmente se da en hombres), empieza a correr sin cesar destrozando todo lo que encuentra a su paso, incluso matando los animales y a las personas a que se tropiezan en su camino. Normalmente el resto de la población lo acaba matando por ser un peligro, pero los que llegan a sobrevivir, muestran una amnesia total sobre lo ocurrido.

Wild-man


El síndrome del "Hombre salvaje" se da en Papua Nueva Guinea. Es un trastorno del lenguaje que sólo aparece en hombres de entre 30 y 35 años, los cuales empiezan a hablar de forma inconexa, diciendo cosas extrañas. La población grita que este hombre se ha transformado en un hombre salvaje, lo rodean y simulan que le temen. Finalmente el hombre acaba marchando a la selva, pero en su camino comete pequeños robos en otros poblados y estas cosas robadas las va desperdigando por la selva. Al cabo de unas semanas regresa a casa como si no hubiera ocurrido nada.

Koro


Es un tipo de trastorno mental que sólo se da en la China. El enfermo cree que su pene se va reduciendo progresivamente hasta invaginarse en el abdomen y causar la muerte. En un 30 o 40% de los casos el enfermo tiene asociada una depresión, pero el resto no tienen ninguna otra patología. El paciente puede llegar a morir por esta enfermedad.

Dhat o Dhatu


Es un trastorno característico de la India, también llamadosíndrome de la pérdida seminal, afecta hasta un 15 o 20% de los usuarios de los centros primarios. En la medicina Ayurveda se cree que las personas están formadas por cuatro humores fundamentales, y uno de ellos es el semen. Estos humores no son regenerables y tienen un límite, por lo que los hombres a lo largo de su vida pasan por varias etapas, y en la última ya no pueden tener relaciones sexuales. Los hombres que tienen muchas relaciones pierden el semen y envejecen antes, pero las mujeres que lo reciben, cada vez rejuvenecen más. El Dhat es el problema en que el hombre se queda con muy poco semen y se manifiesta con un cansancio crónico, los médicos les recomiendan que no tengan relaciones, que descansen y que se alimenten bien. También creen que si la orina es clara, es que por ahí se escapa el semen, y la suelen mirar por si tienen pérdidas.

CÓMO FUNCIONA LA CREATIVIDAD



CÓMO FUNCIONA LA CREATIVIDAD




Sobre cómo funciona la creatividad hay una anécdota de Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

Leí la pregunta del examen y decía: ―Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.

El estudiante había respondido: se lleva el barómetro a la azotea del edificio y se le ata una cuerda muy larga. Se descuelga hasta la base del edificio, se marca la cuerda cuando el barómetro llega al suelo y se mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente.

Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios: si obtenía una alta nota, esta certificaría su alto nivel en física, pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.

Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.

En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: Se toma el barómetro y se le lanza al suelo desde la azotea del edificio, se calcula el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la formula h=2gt2, así obtenemos la altura del edificio.

En este punto le pregunte a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, se toma el barómetro en un día soleado y se mide la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

- Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?

- Sí, contesto: este es un procedimiento muy básico para medir la altura de un edificio, pero también sirve. En este método, se toma el barómetro y se sitúa en las escaleras del edificio en la planta baja. Según se va subiendo por las escaleras, se va marcando la altura del barómetro y se cuenta el número de marcas hasta la azotea. Al llegar se multiplica la altura del barómetro por él número de marcas y este resultado es la altura. Este es un método muy directo.

- Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

- En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precesión.

- En fin, concluyo, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.

En este momento de la conversación, le pregunte si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bor, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

domingo, 3 de noviembre de 2013

TRANSTORNO BIPOLAR



TRANSTORNO BIPOLAR



¿Experimenta estados de ánimo intensos?



¿Algunos días se siente muy feliz y con mucha energía y otros muy triste y deprimido? ¿Le duran estos estados de ánimo una semana o más? ¿Le es difícil dormir, concentrarse, o ir a trabajar debido a estos cambios de ánimo?


Algunas personas que experimentan estos síntomas sufren deltrastorno bipolar, una grave enfermedad mental. Lea este folleto para obtener más información.

¿Qué es el trastorno bipolar?



El trastorno bipolar es una grave enfermedad del cerebro. También se llama enfermedad maníaco-depresiva. Los que sufren del trastorno bipolar experimentan cambios de ánimo inusuales. A veces se sienten muy felices y “animados” y mucho más activos que de costumbre. Esto se llama manía. Y a veces los que sufren del trastorno bipolar se sienten muy tristes y “deprimidos” y son mucho menos activos. Esto se llama depresión. El trastorno bipolar también puede provocar cambios en la energía y el comportamiento.


El trastorno bipolar no es lo mismo que los altibajos que experimentan todas las personas. Los síntomas bipolares son más potentes. Pueden dañar las relaciones entre personas y hacer que sea más difícil ir a la escuela o conservar un empleo. También pueden ser peligrosos. Algunos personas que sufren del trastorno bipolar intentan hacerse daño o suicidarse.


Los que sufren del trastorno bipolar pueden obtener tratamiento. Con ayuda pueden mejorar y llevar vidas exitosas.

¿Quién puede desarrollar el trastorno bipolar?



Cualquier persona puede desarrollar el trastorno bipolar. A menudo comienza en las últimas etapas de la adolescencia o al principio de la adultez. Pero también niños y adultos pueden sufrir del trastorno bipolar. Generalmente la enfermedad dura toda la vida.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno bipolar?



Los cambios de estado de ánimo bipolares se llaman “episodios anímicos”. Las personas pueden tener episodios maníacos, depresivos, o “mixtos”. Un episodio mixto incluye síntomas tanto maníacos como depresivos. Estos episodios anímicos provocan síntomas que duran una semana o dos y a veces más. Durante un episodio, los síntomas se presentan todos los días durante la mayor parte del día.


Los episodios anímicos son intensos. Las emociones son fuertes y ocurren junto con cambios extremos en los niveles de comportamiento y energía.


Los que sufren un episodio maníaco pueden:
Sentirse muy “alegres” o “animados”
Sentirse muy “nerviosos” o “alterados/ansiosos”
Hablar muy rápido de muchas cosas distintas
Estar inquietos, irritados, o “sensibles”
Tener problemas para relajarse o dormir
Creerse capaz de hacer muchas cosas a la vez y estar más activos de lo común
Hacer cosas arriesgadas, como gastar mucho dinero o tener sexo sin cuidado alguno


Los que sufren un episodio depresivo pueden:
Sentirse muy “deprimidos” o tristes
Sentirse preocupados y vacíos
Tener problemas para concentrarse
Olvidarse mucho las cosas
Perder el interés en actividades divertidas y volverse menos activos
Sentirse cansados o sin energía
Tener dificultad para dormir
Pensar en la muerte o el suicidio

¿Qué causa el trastorno bipolar?



Varios factores pueden contribuir al trastorno bipolar, entre ellos:
Los genes, porque la enfermedad es hereditaria
La anormalidad en la estructura y función del cerebro


Las causas del trastorno bipolar no siempre son claras. Los científicos están tratando de obtener más información sobre el trastorno a través de estudios. Estas investigaciones quizás puedan ayudar a los médicos a predecir si una persona sufrirá del trastorno bipolar. Algún día, quizás también puedan ayudar a los médicos a prevenir la enfermedad en algunas personas.

¿Puede el trastorno bipolar coexistir con otros problemas?



Sí. A veces los que sufren episodios anímicos muy intensos pueden tener síntomas psicóticos. Estos intensos síntomas pueden provocar alucinaciones (ver u oír cosas que no son reales). Los que sufren manía y síntomas psicóticos pueden creer que son ricos y famosos o que tienen poderes especiales. Las personas con depresión y síntomas psicóticos pueden creer que han cometido un crimen o que sus vidas están destruidas.


A veces los episodios anímicos vienen acompañados de problemas de comportamiento. Una persona puede beber demasiado o consumir drogas. Algunos corren muchos riesgos como, por ejemplo, gastan demasiado dinero o tienen sexo sin cuidado alguno. Estos problemas pueden dañar vidas y perjudicar relaciones. Algunas personas que sufren del trastorno bipolar tienen problemas para conservar su empleo o desempeñarse bien en la escuela.

¿Es fácil diagnosticar el trastorno bipolar?



No. Algunas personas sufren del trastorno bipolar durante años antes de que alguien lo sepa. Esto se debe a que los síntomas bipolares pueden parecerse a varios problemas diferentes. Los familiares y amigos pueden no darse cuenta de que los síntomas de una persona son parte de un problema mayor. Un médico puede creer que la persona tiene una enfermedad distinta como, por ejemplo, esquizofrenia o depresión.


Además, los que sufren del trastorno bipolar a menudo tienen otros problemas de salud. Esto puede hacer que a los médicos les sea difícil diagnosticar el trastorno bipolar. Ejemplos de estos otros problemas incluyen el abuso de sustancias, los trastornos de ansiedad, la enfermedad de la tiroides, las enfermedades cardíacas, y la obesidad.

¿Cómo se trata el trastorno bipolar?



Por ahora, el trastorno bipolar no tiene cura. Pero un tratamiento puede ayudar a controlar los síntomas. La mayoría de las personas pueden obtener ayuda para controlar los cambios de estado de ánimo y problemas de comportamiento. Un tratamiento funciona mejor cuando es continuo y no es interrumpido de vez en cuando.
Medicamentos. Distintos tipos de medicamentos pueden dar buen resultado. Las personas responden a los medicamentos de distintas maneras, así que el tipo de medicamento seleccionado depende del paciente. A veces una persona debe probar distintos medicamentos para descubrir cuáles dan mejor resultado.

Los medicamentos pueden provocar efectos secundarios. Los pacientes siempre deben comunicarle al médico estos problemas. Además, los pacientes no deben dejar de tomar un medicamento sin consultar al médico. Suspender los medicamentos de repente puede ser peligroso y puede empeorar los síntomas bipolares.

Terapia. Distintas clases de psicoterapia o terapia “de diálogo” pueden ayudar a las personas que sufren del trastorno bipolar. La terapia las puede ayudar a cambiar su conducta y manejar sus vidas. También puede ayudar a los pacientes a llevarse mejor con familiares y amigos. A veces la terapia incluye a los familiares y amigos.

Otros tratamientos. Algunas personas no mejoran con medicamentos y terapia. Estas personas pueden tratar la “terapia electroconvulsiva” o TEC. A veces se la llama terapia de “choque”. La TEC da un “choque” rápido que a veces puede corregir problemas en el cerebro.

A veces las personas toman suplementos naturales y a base de hierbas como, por ejemplo, Hierba de San Juan o ácidos grasosos con omega-3. Consulte a su médico antes de tomar cualquier suplemento. Los científicos no están seguros sobre cómo estos productos afectan a los que sufren del trastorno bipolar.

Puede que algunas personas también necesiten medicamentos para dormir durante el tratamiento.


Historia Personal

Jaime sufre del trastorno bipolar

Esta es su historia



Hace cuatro meses, Jaime descubrió que tenía trastorno bipolar. Sabía que es una enfermedad grave, pero se sintió aliviado al descubrirlo, pues tuvo síntomas durante años pero nadie sabía porque. Ahora está recibiendo tratamiento y se siente mejor.


A menudo Jaime se sentía muy triste. De niño no iba a la escuela o se quedaba en la cama cuando se sentía deprimido. En otras ocaciones se sentía muy feliz. Hablaba rápido y pensaba que podía hacer lo que fuera. Jaime vivió así por mucho tiempo, pero el año pasado las cosas cambiaron. Su trabajo se volvío muy estresante. Sentía que tenía más altibajos. Su esposa y sus amigos querían saber qué era lo que le pasaba, pero él les dijo que lo dejaran en paz y que todo estaba bien.


Unas semanas después, Jaime no pudo levantarse de la cama. Se sentía muy mal, y el malestar le duró varios días. Entonces su esposa lo llevó a ver al médico de la familia, quien lo mandó a ver a un psiquiatra. Habló con el psiquiatra sobre como se sentía. Pronto Jaime pudo ver que sus altibajos eran graves. Le diagnosticaron trastorno bipolar y poco después comenzó el tratamiento.


Actualmente Jaime toma medicamentos y asiste a terapia de diálogo. Al principio el tratamiento fue difícil y llevó tiempo, pero ahora regresó a su trabajo. Sus cambios de ánimo son más fáciles de manejar y nuevamente se está divirtiendo con su esposa y sus amigos.

¿Cómo puedo ayudar a un conocido que sufre del trastorno bipolar?



Ayude a su amigo/a o familiar a consultar a un médico para que reciba un diagnóstico y tratamiento adecuados. Puede que tenga que pedir una cita y acompañarlo/a al médico.


He aquí algunas cosas útiles que puede hacer:
Tenga paciencia
Anime a su amigo/a o familiar a hablar y escúchelo/a atentamente
Sea comprensivo/a respecto a sus cambios de estado de ánimo
Haga que su amigo/a o familiar participe en actividades divertidas
Recuérdele que es posible que el/ella mejore con el tratamiento adecuado

¿Cómo puedo ayudarme si sufro del trastorno bipolar?



Puede ayudarse consiguiendo tratamiento y siguiendolo de manera indicada. Lleva tiempo y no es fácil. Pero el tratamiento es la mejor manera de comenzar a sentirse mejor. He aquí algunos consejos:
Hable con su médico acerca del tratamiento
No deje de tomar su medicamento
Siga una rutina para comer y dormir
Asegúrese de dormir lo suficiente
Aprenda a reconocer sus cambios de estados de ánimo
Pídale a un amigo o familiar que le ayude a seguir el tratamiento
Tenga paciencia con sus síntomas. Mejorar lleva tiempo
¿Cómo afecta el trastorno bipolar a los amigos y familiares?


Cuando un amigo o familiar sufre del trastorno bipolar, también le afecta a usted. Cuidar a alguien que sufre del trastorno bipolar puede ser estresante. Usted tiene que saber sobrellevar los cambios de estado de ánimo y a veces otros problemas, como el exceso de bebidas alcohólicas. A veces el estrés puede afectar sus relaciones con otras personas. Los cuidadores del paciente pueden tener que faltar al trabajo o perder su tiempo libre.


Si está cuidando a alguien que sufre del trastorno bipolar, cuídese usted también. Si mantiene su nivel de estrés bajo podrá desempeñarse mejor y podrá ayudar a su ser querido a seguir el tratamiento.

¿Dónde puedo conseguir ayuda?



Si no sabe dónde conseguir ayuda, llame a su médico de familia. También puede buscar por profesionales de la salud mental en la guía telefónica. Los médicos de los hospitales pueden ayudarlo en una emergencia.

DÉFICIT DE ATENCIÓN



TRANSTORNO DE HIPERACTIVIDAD CON DÉFICIT DE ATENCIÓN



Es un problema de falta de atención, exceso de actividad, impulsividad o una combinación de estos. Para diagnosticar estos problemas como trastorno de hiperactividad con déficit de atención (THDA), deben estar por fuera del rango normal para la edad y desarrollo del niño.



Causas



El THDA es el trastorno de la conducta de la niñez más comúnmente diagnosticado y afecta a aproximadamente de 3 a 5% de los niños en edad escolar. Este trastorno se diagnostica mucho más frecuentemente en niños que en niñas.


El THDA puede ser hereditario, pero no está claro qué lo causa exactamente. Cualquiera que sea su causa, parece iniciarse muy temprano en la vida a medida que el cerebro se está desarrollando. Los estudios imagenológicos sugieren que los cerebros de los niños con trastorno de hiperactividad con déficit de atención (THDA) son diferentes de los cerebros de otros niños.


La depresión, la falta del sueño, las dificultades de aprendizaje, los trastornos de tics y los problemas de comportamiento se pueden confundir con o aparecer junto con el THDA. Cuando se sospecha que un niño padece este trastorno, debe ser examinado cuidadosamente por un médico para descartar otras posibles afecciones o razones de este comportamiento.


La mayoría de los niños con THDA también tienen al menos otro problema de desarrollo o de comportamiento. Igualmente pueden tener otro problema psiquiátrico, como depresión o trastorno bipolar.



Síntomas



Los síntomas de THDA encajan en tres grupos:
Falta de atención (desatención)
Hiperactividad
Comportamiento impulsivo (impulsividad)


Algunos niños con THDA tienen principalmente el tipo de trastorno de falta de atención. Otros pueden tener una combinación de tipos. Aquellos niños con el tipo de trastorno de falta de atención son menos perturbadores y es más probable que no se les diagnostique el THDA.


Síntomas de falta de atención:

No logra prestar atención cuidadosa a los detalles o comete errores por descuido en el trabajo escolar.
Tiene dificultad para mantener la atención en tareas o juegos.
Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
No sigue instrucciones y no logra terminar el trabajo escolar, los deberes u obligaciones en el lugar de trabajo.
Tiene dificultad para organizar sus tareas y actividades.
Evita o le disgusta comprometerse en tareas que requieran esfuerzo mental continuo (como las tareas escolares).
Con frecuencia pierde juguetes, tareas escolares, lápices, libros o herramientas necesarias para las tareas o actividades.
Se distrae fácilmente.
Se muestra a menudo olvidadizo en las actividades diarias


Síntomas de hiperactividad:

Juega con las manos o los pies o se retuerce en su asiento.
Abandona su asiento cuando lo que se espera es que se quede sentado.
Corre y trepa excesivamente en situaciones inapropiadas.
Tiene dificultad para jugar en forma silenciosa.
A menudo habla excesivamente, está "en movimiento" o actúa como si fuera "impulsado por un motor".


Síntomas de impulsividad:

Emite respuestas antes de que termine de escuchar la pregunta.
Tiene dificultades para esperar su turno.
Se entromete o interrumpe a los demás (irrumpe en conversaciones o juegos)



Pruebas y exámenes



Con demasiada frecuencia, los niños difíciles son clasificados incorrectamente como niños que sufren de trastorno de hiperactividad con déficit de atención y, por otro lado, muchos niños que verdaderamente sí lo tienen permanecen sin diagnóstico. En cualquiera de los casos, a menudo se pasan por alto las dificultades relacionadas con el aprendizaje o los problemas de estado de ánimo. La Academia Estadounidense de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) ha publicado las pautas para dar mayor claridad a este asunto.


El diagnóstico está basado en síntomas muy específicos que deben estar presentes en más de un escenario:
Los niños deben tener al menos 6 síntomas de atención o 6 síntomas de hiperactividad e impulsividad, con algunos síntomas presentes antes de la edad de 7 años.
Los síntomas deben estar presentes durante al menos 6 meses, ser observados en dos o más escenarios y no ser causados por otro problema.
Los síntomas deben ser tan graves que causen dificultades significativas en muchos escenarios, incluyendo el hogar, la escuela y las relaciones con los compañeros.


En los niños mayores, el THDA está en remisión parcial cuando aún tienen los síntomas, pero ya no se ajustan a la definición completa del trastorno.


El niño debe someterse a una evaluación por parte del médico si se sospecha THDA y puede abarcar:
Cuestionarios para los padres y profesores (por ejemplo, Connors, Burks)
Evaluación psicológica del niño y de la familia, incluyendo un examen de coeficiente intelectual y pruebas psicológicas
Evaluación mental, nutricional, física, psicosocial y del desarrollo completas



Tratamiento



El tratamiento del trastorno de hiperactividad con déficit de atención (THDA) es una coalición entre el médico, los padres o tutores y el niño . Para que la terapia sea eficaz, es importante:
Establecer metas específicas y apropiadas para guiar la terapia.
Iniciar la terapia farmacológica y la psicoterapia conductista.
Tener controles regulares con el médico para revisar las metas, los resultados y cualquier efecto secundario de los medicamentos. Durante estos chequeos, se debe reunir información de padres, profesores y el niño.


Si el tratamiento no parece funcionar, el médico debe:
Verificar que el niño realmente padezca este trastorno.
Buscar otros posibles problemas de salud que puedan causar síntomas similares.
Constatar que se esté siguiendo el plan de tratamiento.


MEDICAMENTOS



Una combinación de medicamentos y psicoterapia funciona mejor. Hay varios diferentes tipos de medicamentos para el THDA que se pueden usar solos o combinados.


Los psicoestimulantes (también conocidos como estimulantes) son los fármacos que más comúnmente se utilizan para el THDA. Aunque estos fármacos se denominan estimulantes, realmente tienen un efecto tranquilizante en las personas con este trastorno.


Estos fármacos abarcan:
Anfetamina-dextroanfetamina (Adderall)
Dexmetilfenidato (Focalin)
Dextroanfetamina (Dexedrine, Dextrostat)
Lisdexanfetamina (Vyvanse)
Metilfenidato (Ritalina, Concerta, Metadate, Daytrana)


Un fármaco no estimulante llamado atomoxetina (Strattera) puede ser tan efectivo como los estimulantes y puede ser menos probable que se utilice mal.


Algunos de los medicamentos para el trastorno de hiperactividad con déficit de atención han sido vinculados a raras muertes súbitas en niños con problemas cardíacos. Hable con el médico acerca de cuál es el mejor medicamento para su hijo.


PSICOTERAPIA CONDUCTISTA



La psicoterapia tanto para el niño como para la familia puede ayudarle a todos a entender y controlar las sensaciones estresantes relacionadas con el THDA.


Los padres deben usar un sistema de recompensas y consecuencias para ayudar a guiar el comportamiento de su hijo. Es importante aprender a manejar los comportamientos disociadores. Los grupos de apoyo pueden ayudarle a conectarse con otros que tengan problemas similares.


Otras sugerencias para ayudarle a su hijo con THDA abarcan:
Comunicarse regularmente con el profesor del niño.
Mantener un horario diario constante, que incluya horas regulares para las tareas, las comidas y las actividades al aire libre. Haga cambios al horario con anticipación y no a última hora.
Limite las distracciones en el ambiente del niño.
Constate que el niño consuma una alimentación saludable y variada, con bastante fibra y nutrientes básicos.
Cerciórese de que el niño duerma lo suficiente.
Elogie y premie el buen comportamiento.
Mantenga reglas claras y constantes para el niño.


Los tratamientos alternativos para el THDA se han vuelto populares, entre ellos hierbas, suplementos y tratamientos quiroprácticos. Sin embargo, existe poca o ninguna evidencia sólida de que funcionen.









Expectativas (pronóstico)



El THDA es una afección crónica y prolongada que, de no tratarse apropiadamente, puede llevar a:
Drogadicción y alcoholismo
Bajo rendimiento escolar
Problemas para conservar un trabajo
Problemas legales


Aproximadamente la mitad de los niños con THDA continuarán teniendo síntomas problemáticos de falta de atención o impulsividad como adultos. Sin embargo, los adultos con frecuencia son más capaces de controlar su comportamiento y de disimular sus dificultades.



Cuándo contactar a un profesional médico



Consulte con el médico si usted o el personal en la escuela de su hijo sospechan de trastorno de hiperactividad con déficit de atención. Usted también debe comentarle al médico respecto a:
Dificultades en el hogar, la escuela y en las relaciones con los compañeros
Efectos secundarios de los medicamentos
Signos de depresión



Prevención



Aunque no existe una forma comprobada de prevenir el trastorno de hiperactividad con déficit de atención, su identificación y tratamiento oportunos pueden prevenir muchos de los problemas asociados con dicho trastorno.

domingo, 27 de octubre de 2013

Ataques de Pánico

ATÁQUES DE PÁNICO

 Porqué

En la infancia tenemos una idea ominipotente y fantasiosa sobre nuestras limitaciones físicas. Podemos pensar que nunca envejeceremos y moriremos o que será tan tan lejos que prácticamente no ocurrirá nunca. Quizá estas ideas nos preparan mal para la práctica sensata del auto-cuidado, y de ahí que durante un largo periodo juvenil podamos abusar de nuestra aparentes 'energías ilimitadas' para trasnochar, mal alimentarnos y también para adquirir la mala costumbre de preocuparnos y sufrir sin que aparentemente ello implique mayores complicaciones.
Pero un buen día las cosas pueden cambiar y enviarnos repentinas señales de funcionamiento corporal anómalo, como si el cuerpo ya no tolerara el mismo ritmo trepidante que tenía hasta el día anterior.
No somos conscientes de nuestro nivel de agobio, tensión e inquietud si estamos atravesando una época de estrés. Estamos tan familiarizados con las sensaciones internas de ansiedad que nos parecen normales, o por lo menos no preocupantes. Las despreciamos, aunque el nivel de tensión en realidad es más alto de lo que nuestro organismo está preparado para tolerar.
Esta especie de ceguera y sordera sobre nuestro estado es un error de cálculo que nace de que no conocemos nuestras limitaciones corporales (que niveles de descanso, relax, bienestar, distracción y goce necesitamos para funcionar operativamente). Nos hemos mal-educado a ser sacrificados y sufridores, anteponiendo el deber, la ambición y la auto-exigencia, o la búsqueda desaforada de estímulos. Quizás sabemos cuantas horas seguidas podemos aguantar trabajando, pero no sabemos cuantas horas necesitamos para ocuparnos de nuestra mínima tranquilidad personal. Ocurre también con demasiada frecuencia que tampoco sabemos manejarnos demasiado bien frente a las frustraciones, ante las que solemos buscar salidas que más que calmarlas parecen exacerbarlas.
Pero los hechos son los hechos: nuestro cuerpo biológico, en especial nuestro sistema nervioso, tiene sus propias limitaciones de funcionamiento (no puede estar permanentemente activado forzado a trabajar al máximo).
Esto es lo que fundamenta un ataque de pánico, que también podríamos llamar crisis de ansiedad.
 

Cómo


La persona intenta en un momento dado detener su ritmo frenético. Se sienta, se para en frente al semáforo, espera en una cola, se tumba a descansar un rato, intenta mirar la televisión, está sentado en un medio de transporte, etc., Es precisamente eso, que estamos haciendo algo que no es particularmente activo lo que nos desconcierta, porque repentinamente notamos que no podemos hacer la cosa tan tranquila que queríamos hacer, porque el sistema nervioso está demasiado alterado para bajar de tan arriba a tan abajo en un instante.
En un segundo percibimos esta dificultad anómala, podemos observar los efectos de la taquicardia (acaloramiento de la parte central del cuerpo, aceleración respiratoria), nuestra respiración parece ser incómoda, y los mecanismos automáticos del control del ritmo respiratorio deciden hacer paradas bruscas que nos desconciertan (¿Me quedaré sin aire, pensamos?), se ha disparado nuestro sistema de alarma como esas alarmas de la tienda de al lado que se conecta un día de viento sin más ni más.
En un segundo notamos el encendimiento que produce en nuestro cuerpo el estado de activación general (pensemos por ejemplo en la reacción que sentiríamos ante un susto intento repentino, como ver aparecer un perro en nuestra habitación o que se rompieran los vidrios de una ventana, una explosión, etc.).
Pero como nada pasa en el exterior, pensamos, ¿Qué me sucede? ¿Me estaré muriendo? ¿Será esto un ataque cardíaco, colapso respiratorio, embolia cerebral? ¿Será esto que tengo un ataque de locura? ¿Cómo me puedo morir ahora sin haber hecho testamento o dejando las cosas sin arreglar?
Pensar este 'diagnóstico' no es precisamente tranquilizador... Así que si ya estamos 'encendidos' creernos en grave peligro acaba de extender el incendio. Estamos en pleno pánico. Sube el nivel de ansiedad provocando más efectos espectaculares (temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidez de nuca, visión borrosa, sensación de flotar e de irrealidad)
Puede que se acuda a un servicio de urgencias por si las dudas, y ahí, tras las pruebas oportunas nos digan que no era nada grave, sólo un ataque de ansiedad. ¿Pero cómo nos podemos convencer de que no era NADA, si nosotros en realidad nos sentimos terriblemente mal?.
El habernos sentido tan traspuestos, el que eso sucediera en un momento tan tenso de nuestra vida en medio de las complicaciones y exigencias, y encima el miedo a que se repita... con qué facilidad se puede efectivamente repetir el episodio que deseábamos que ¡por favor! no volviera otra vez...

Comprendiendo lo que pasa

 


Como podemos observar por esta descripción en el ataque de pánico hay dos fuerzas que se unen y se suman:
  1. un estado de ansiedad que predispone a padecer molestias en la regulación del sistema nervioso (dificultad de relajarse, disparo automático de la sensación de alerta, cambios bruscos de ritmos).
  2. la percepción de este estado no como una molestia física menor, sino como algo terrible, enigmático y sumamente desagradable (algunos dicen que preferirían que les cortaran una mano antes de pasar por esos mementos). Tenemos la sensación de perder el control voluntario (¡horror!) y sentirnos débiles, desvalidos e impotentes (reacción de quedarnos clavados, paralizados y bloqueados).
Si lo expresamos con un esquema diríamos que
 
  • Estímulo de Ansiedad -->
  • provoca respuesta intensa de miedo -->
  • la respuesta de miedo de nuevo genera más de lo mismo, una ansiedad todavía mayor -->
El estado de ansiedad producido por un estado general ocurre más bien al principio, pero al cabo de un cierto tiempo en realidad la causa de ansiedad deja de ser la que era y cambia a ser nuestra propia suspicacia y nuestro temor supersticioso de que pueda volverse a repetir, o el percibir el más mínimo estado corporal que nos parezca extraño, o el simple 'pensar en ello'. Eso explica que aunque pudieran suprimirse las causas primeras (pueden haber cambiado algunas circunstancias o hemos comenzado a tomar tranquilizantes) puedan haber sido sustituidas por otras. En realidad, bajo el punto de vista del trastorno psicológico, lo relevante no es el haber tenido un ataque de pánico, que de hecho algunas personas tienen por haber cuidado a un enfermo varias noches seguidas, haber bebido más de la cuenta,  por efecto del consumo de algunas drogas o medicaciones, y que reconocen como 'lógico' debido al exceso, y que olvidan. Lo importante es que la persona que ha padecido un ataque de pánico:
 
  • no comprenda que 'excesos' esta cometiendo en su vida, o que no le parezcan 'lógicos' como explicaciones.
  • no tome las medidas adecuadas que tomaría frente a otro trastorno físico (o sea no varía su vida ni un milímetro)
  • comience a desarrollar conductas contraproducentes (o sea, que hace todo lo contrario que tendría, como preocuparte, anticipar situaciones, estar auto-observándose, caer en el alarmismo, enfadarse, deprimirse, etc..). La principal conducta contraproducente es la evitación de situaciones en las que uno cree que podría suceder el ataque (la situación en la que la persona sentiría 'atrapada'). Esta conducta produce lo que se llama agorafobia, que la podríamos traducir como el miedo que se tiene a padecer una crisis de ansiedad o ataque de pánico en situaciones de indefensión (lejos, solos, encerrados, con mucha gente, delante de personas ante las que queremos quedar bien, etc.)
  • la auto-provocación (involuntaria) como cuando uno piensa que podría vomitar y sólo pensar en el asco que le daría ello le produce las nauseas que le confirman sus ganas de vomitar. De igual modo el pensamiento sobre la ansiedad produce ansiedad, la ansiedad se puede percibir con la lupa de la atención, que agranda en relieve y tecnicolor todas las sensaciones físicas, lo cual crea la sensación que está ya sucediendo lo que uno teme que suceda, y la sensación de que si algo empieza uno está perdido y no podrá evitar lo peor, y que hay que estar preparados para lo peor de lo peor que podría suceder...

¿Qué hacer?


Los pasos a seguir son:
 
  1. Hacer análisis médicos para descartar enfermedades de carácter orgánico (en particular trastornos endocrinos, circulatorios, dificultades de tensión arterial, etc.)
  2. Una vez establecida la causa psicológica hacer una reflexión acerca de cómo estamos viviendo, en qué puntos nos estamos 'pasando de la raya' y qué medidas de salud podríamos tomar (descanso, alimentación, ejercicio, diversión, cambio de actitudes).
  3. Llevar vida normal (llevar vida de enfermo incurable no nos hace sentir precisamente normales). La causa de la ansiedad no es externa sino interna, así que el mundo no tiene la culpa y sería inútil tomar medidas de precaución porque el miedo puede perfectamente cambiar de 'tema' una vez que cedemos en evitar determinada circunstancia.
  4. Evitar todo tipo de anticipación o pensamiento sobre la ansiedad: esta es la causa más importante del mantenimiento y crecimiento de la ansiedad. Una especulación es cizaña que sembramos y provoca mayor inseguridad. Lo correcto es 'vivir sin pensar' hasta que llegue el momento X, en el cual nos limitamos a hacer lo que sigue a continuación.
  5. Tener preparado un guión para decirnos es ese momento (este guión se ha podido preparar previamente con un psicólogo, y contiene fundamentalmente la idea de lo que nos pasa en que tenemos mucho miedo, pero el miedo no nos hará morir, y simplemente es algo que 'bajará' en la medida de que actuemos con normalidad. No me muero, es sólo miedo.
  6. Respirar hondo. Si notamos cosquilleos en las puntas de las manos o en los pies significa que estamos ventilando o oxigenando más de la cuenta y que lo que interesa en 'parar', por lo que aguantaremos el aire contando tranquilamente uno, dos, tres, cuatro, y expulsaremos el aire suavemente, y repetimos la operación hasta notar que de esta forma introducimos menos exógeno, desaparece el síntoma del cosquilleo y nos resulta más cómoda la respiración.
  7. Mirar algo y centrar la visión en el mundo externo (veo un cuadro, una matrícula de coche que comienza por... ) Este ver-afuera nos ayudada a saber si vemos bien y a recuperar la agradable sensación de equilibrio. También conviene oir-fuera (que sonidos escucho, que canción suena, cómo oigo mi propia voz) y tocar alguna cosa como mi ropa, un mueble, un objeto cualquiera, pera dirigir los canales sensoriales hacia el exterior. Todas estas medidas conducen a comprobar si nos estamos desmayando o mareando o si estamos 'funcionales'. Cuanto antes comprobemos nuestro estado y salgamos de la inmovilidad, antes podemos cercionarnos de que nuestro estado es mejor de lo que parece.
  8. Continuar haciendo lo que estamos haciendo (si estábamos haciendo algo) o inventarnos una tarea. Es muy probable que la situación de pánico se de encerrados en una coche, en un aula o despacho, esperando en la cola del banco o para pagar en el supermercado (preferiblemente con personas detrás y delante impidiéndonos la huida). Entonces hacer algo puede ser hablar, curiosear, pensar lo que comimos la semana pasada, escribir anotaciones económicas o memorísticas, escuchar o tararear música, o cualquier cosa que tenga la suficiente garra para distraernos).
  9. Esperar los minutos necesarios para relajarnos (pensar que cuando uno se altera tarda un ratito en serenarse, es importante no confundir esto con que 'fracasamos' en el control, así que no hay que tomarse como algo 'raro' el que tardemos nuestros cinco o diez minutos en lograr tranquilizarnos.
  10. No enfadarse (pensamientos como "!otra vez!", "¿qué hecho yo para merecer eso?", "¡esto es espantoso!" "!soy débil!" y similares aportan tanto nivel de adrenalina a la corriente sanguínea como la ansiedad. Además esta ira contribuye notablemente a que la próxima vez parezca más infernal.
  11. También esta totalmente contraindicado deprimirse como si a uno le estuviera sucediendo alguna gran desgracia o tuviera la peor suerte del mundo. Esto solo hacer que agrandar al 'enemigo' haciendo que la ansiedad parezca más tirana, abusiva e todopoderosa que nunca. En vez de deprimirse es más útil animarse todo lo que uno pueda haciendo cosas que compensen el mal sabor de boca dejado por el momento de pánico (actividades lúdicas o que nos den paz, goce y nos reconcilien con la vida como la buena música, la buena lectura, la buena conversación o el goce estético de las cosas). Uno puede hacerse algún tipo de 'regalito' como un remedio curativo muy eficaz para 'minimizar' la fuerza del miedo. Hay que recordar que tomarse las cosas con humor es un buen método para solucionar todo tipo de problemas de salud y de la vida en general. (Algunas personas en fase de superación suelen hablar con su miedo diciéndole "así que ya has venido a molestarme un poco ¿no?, pues has de saber que ya no me impresionas porque sé que mucho ruido pero sólo eres un poco de ansiedad fisiológica inocente, así que ahora ¿qué cosa agradable podríamos hacer? ¿tal vez hablar con esa persona encantadora que tanto nos gusta? ¿tal vez nos podemos ocupar en algo útil e interesante que nos permita cambiar de tema? ...").
  12. Dejarse ayudar por un profesional. Es una lástima que muchas personas tengan alergia a dejarse ayudar por un psicólogo como si su valía personal quedara en entredicho, porque de igual modo que nos dejamos orientar por un asesor fiscal, un inversor financiero, o el maitre de un restaurante, es más síntoma de inteligencia y sensatez que de otra cosa contar con el asesoramiento de un psicoterapeuta especialista en trastornos de ansiedad. Todos los puntos anteriores y otros más quedan mucho mejor aclarados y sobre todo, puestos en práctica, con el apoyo del psicólogo, de forma que nos aseguremos del éxito en el control de un miedo que ya se ha apoderado de nosotros. Ya sé que estamos en la era del bricolaje, hágaselo usted mismo y de la auto-ayuda y que ésta misma información la ha encontrado usted en internet, pero tampoco que hay exagerar tanto que pongamos en peligro nuestra propia salud y calidad de vida sólo por evitar el contacto del profesional. Si tiene ataques de pánico y/o agorafobia, dedique tiempo y medios necesarios para su solución correcta y completa

Agorafobia, ¿Hay salida?

Agorafobia: hay salida

La agorafobia es el miedo a las situaciones en las que la persona percibe que pueda resultarle difícil o embarazoso escapar, o pueda no disponer de ayuda en el caso de sufrir un ataque de pánico (crisis de
ansiedad) o síntomas similares a este. Por ello, en este contexto el sujeto que la padece evita dichas situaciones o las soporta con un malestar intenso.
El ataque de pánico es un episodio que en un primer momento es inesperado y que cursa sensación de ahogo, taquicardia, mareos, intranquilidad, sensación de irrealidad, así como con un intenso miedo a la pérdida de control (volverse loco o morirse).

Diagnóstico de la agorafobia

Los criterios diagnósticos para la agorafobia según el DSM-IV-TR son:
  • Aparición de ansiedad en lugares donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia, puede no disponerse de ayuda.
  • Se intenta evitar estas situaciones o escapar de ellas, se soportan a costa de ansiedad intensa, o se hace indispensable la presencia de un conocido para que acompañe a la persona afectada.
A pesar de que existen dos tipos de diagnóstico de la agorafobia en función de la existencia o no de crisis de pánico previas (agorafobia con o sin historia de crisis de pánico) lo cierto es que los casos de agorafobia sin historia previa de crisis de pánico son muy infrecuentes. En tales casos, es común que a pesar de que los afectados no hayan sufrido una crisis de pánico ellos mismos, hayan oído hablar de ella o la hayan observado en otras personas.

Situaciones más frecuentes a las que teme un agorafóbico

A la persona que sufre agorafobia le da lo mismo si el lugar está abierto o cerrado, si hay mucha o poca gente…, lo importante para determinar si la situación es propiamente agorafobia es la “percepción” que tiene la persona de la imposibilidad de escapar o recibir ayuda en caso de que sea necesaria. Por ello, existen tantos tipos de pacientes agorafóbicos como cabezas “pensantes” hay en el mundo. No obstante, se pude establecer la siguiente lista de situaciones agorafóbicas frecuentes:
  • Temor a estar solo (por ejemplo en casa, en el campo haciendo una ruta, etcétera).
  • Temor a perder el control en un lugar público (en un restaurante, reunión de trabajo…).
  • Temor a estar en lugares en donde la salida pueda ser difícil (como en la fila central del cine o el teatro, conciertos, etcétera).
  • Esperando su turno en una fila.
  • Medios de transporte (avión, coche, metro u otros).
  • Lugares lejos de casa (por ejemplo por no tener localizados los centros de salud).

Ansiedad

ANSIEDAD

 

¿Qué es?

La ansiedad es un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos alerta ante sucesos comprometidos. En realidad, un cierto grado de ansiedad proporciona un componente adecuado de precaución en situaciones especialmente peligrosas. Una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante.
En ocasiones, sin embargo, el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. Más concretamente, la ansiedad es desproporcionada con la situación e incluso, a veces, se presenta en ausencia de cualquier peligro ostensible. El sujeto se siente paralizado con un sentimiento de indefensión y, en general, se produce un deterioro del funcionamiento psicosocial y fisiológico. Se dice que cuando la ansiedad se presenta en momentos inadecuados o es tan intensa y duradera que interfiere con las actividades normales de la persona, entonces se la considera como un trastorno.

Tipos de Ansiedad

Trastorno de ansiedad generalizada:

Se trata de una tensión crónica aún cuando nada parece provocarla. Esta preocupación o nerviosismo excesivo es casi diario y se diagnostica como tal cuando tiene una duración mínima de seis meses.

Trastorno de pánico (o ataque de angustia):

El paciente experimenta crisis recurrentes de angustia que surgen espontáneamente. Se trata de una ansiedad aguda y extrema en la que es frecuente que la persona que la padece crea que va a morir. Estos ataques repentinos de miedo intenso no tienen una causa directa. En ocasiones, los pacientes que sufren este trastorno desarrollan angustia a experimentar el próximo ataque, cuya ocurrencia no pueden prever, es la llamada ansiedad anticipatoria.

Trastorno fóbico:

Trastorno que tiene como rasgo esencial la presencia de un temor irracional y persistente ante un objeto específico, actividad o situación con la consecuente evitación del objeto temido. Por ejemplo, el miedo a volar, a los pájaros o a los espacios abiertos.

Trastorno obsesivo-compulsivo:

Se trata de pensamientos o acciones no voluntarios que el paciente no puede dejar de pensar o hacer para no generar ansiedad. En todo caso, el sujeto reconoce el carácter absurdo de sus pensamientos o acciones. Por ejemplo: lavarse las manos cada poco rato.

Trastorno por estrés post-traumático:

Se da en aquellos casos en los que se presentan secuelas psicológicas desagradables tras el impacto de un trauma emocional, una guerra, una violación, etc. Se caracteriza por los recuerdos persistentes del suceso traumático, un estado emocional con exaltada vigilancia y la reducción general de interés por los sucesos cotidianos.

Tratamientos


Los fármacos son el tratamiento de elección para la ansiedad generalizada. Habitualmente se prescriben fármacos ansiolíticos como las benzodiacepinas; sin embargo, debido a que el uso de benzodiacepinas a largo plazo puede crear dependencia, si se decide su interrupción, debe reducirse escalonadamente y no de forma brusca. El alivio que proporcionan las benzodiacepinas compensa generalmente algunos ligeros efectos secundarios.
La buspirona es otro fármaco eficaz para muchas personas con ansiedad generalizada. Su uso parece no acarrear dependencia física. Sin embargo, la buspirona puede tardar dos semanas o más en hacer efecto, en contraste con las benzodiacepinas, que comienzan a actuar en el plazo de unos minutos. La terapia de comportamiento no suele ser generalmente beneficiosa porque no existen claras situaciones que desencadenen la ansiedad. Las técnicas de relajación y de biorretroacción pueden ayudar.
La ansiedad generalizada puede estar asociada con conflictos psicológicos subyacentes. Estos conflictos están frecuentemente relacionados con inseguridades y actitudes autocríticas que son autodestructivas. Para algunas personas, la psicoterapia puede ser eficaz para ayudar a comprender y a resolver conflictos psicológicos internos.

Otros datos

Frecuencia de la enfermedad:

Los trastornos por ansiedad son, en conjunto, la enfermedad psiquiátrica más frecuente. Entre ellos destaca el trastorno fóbico: alrededor de un 7 por de mujeres y un 4,3 por ciento de hombres padecen fobias específicas (a algún animal, a un objeto, a la oscuridad, etc.), mientras que las llamadas fobias sociales (la aptitud de una persona para relacionarse de un modo afable con los demás) se hallan en un 13 por ciento de la población.
La ansiedad generalizada se da en un porcentaje del 3 al 5 por ciento de los adultos (en algún momento durante el año). Las mujeres tienen el doble de probabilidades de presentarla.
El trastorno de pánico es menos frecuente y se diagnostica a algo menos de un 1 por ciento de la población. Las mujeres son de dos a tres veces más propensas.
El trastorno obsesivo-compulsivo afecta a cerca del 2,3 por ciento de los adultos y sucede con aproximadamente igual frecuencia en mujeres que en hombres.
El estrés post-traumático afecta, por lo menos, al 1 por ciento de la población alguna vez durante su vida, aunque en las personas con mayor riesgo, como los veteranos de guerra, tiene una mayor incidencia.

Test de Ansiedad: 

http://www.psicoactiva.com/tests/ansiedad.htm